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2010
 
 


 
 

La genuflexión, un saludo al Señor



Hay en todas las parroquias, e incluso en algunas capillas, un lugar bastante destacado: el sagrario. Es aquí donde todos los cristianos podemos descubrir el tesoro más grande que jamás hayamos encontrado, Jesús Sacramentado.

Dentro del ajetreo cotidiano, de las prisas, de lo apretada que tenemos las agendas las personas de nuestra sociedad, ¿cuántas veces pasamos por la puerta de nuestra parroquia, o de cualquier parroquia, y no somos capaces de entrar? Pues, al igual que cuando estamos cerca de la casa de algún familiar querido, nuestro Padre del cielo también está deseando que entremos y lo saludemos. Él siempre nos espera en el sagrario, señalado por una pequeña llama o luz roja que hace de centinela y que a la vez es el signo visible que nos muestra su presencia.

Uno de esos saludos que podemos hacer al Señor, es la genuflexión, un acto de adoración en el cual apoyamos nuestra rodilla derecha en el suelo. Con este simple acto nos hacemos pequeños frente a la grandeza de nuestro Dios. La hacemos cuando pasamos frente al sagrario o frente al altar si en él está la presencia eucarística de Jesús. Éste es el saludo más característico.

La genuflexión es un gesto de amor, de humildad, de respeto, de cariño, de comunicación entre el Padre y el hijo; es aquello que nos recuerda que dentro del sagrario está Dios mismo.

Tenemos que darnos cuenta de que la genuflexión es un pequeño gesto que expresa una gran realidad, y es por ello que no debemos hacerlo de cualquier manera. Este saludo debe ser interior, siendo conscientes de lo que significa. Debemos mirar al sagrario y decirle al Señor que le queremos, que confiamos en su Palabra, que con este gesto queremos seguir su camino abajándonos como Él para coger impulso y superar cualquier barrera que se nos presente.

En estos momentos, la genuflexión sigue siendo una acción simbólica clara de humildad y de auténtica relación con el Señor, y sinceramente, creo que vale la pena que, aunque se haga pocas veces, cada vez, esforzándonos un poco, seamos capaces de hacerla mejor.

 

Alberto Jaime Manzano .

Seminarista de 3º.

 



 
 


 
 
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